lunes, 28 de septiembre de 2026

ALTRUISMO ¿Por qué una abeja estaría dispuesta a morir por otras... y un humano quizás también lo haría por otro humano?

 

imagen wikipedia

Una abeja obrera puede lanzarse contra un intruso para defender la colmena y morir durante el ataque. Y lo curioso es que probablemente nunca tendrá descendencia.

Entonces... ¿Qué sentido tiene desde el punto de vista de la evolución?

La selección de parentesco, desarrollada por el biólogo W. D. Hamilton, ofrece una explicación: aunque la abeja no tenga hijos, comparte muchos genes con sus hermanas. Al protegerlas, aumenta indirectamente las posibilidades de que esos genes continúen en las generaciones futuras.

Hamilton lo resumió así:

r × B > C  

Lo que quiere decir es que, si el beneficio para los familiares (B), teniendo en cuenta el grado de parentesco (r), supera el coste para quien ayuda, el comportamiento altruista puede favorecerse evolutivamente (C).

Pero en los seres humanos la historia se vuelve mucho más interesante. Nosotros no ayudamos solamente a nuestros familiares. Ayudamos a amigos, vecinos e incluso a desconocidos que jamás volveremos a ver.

Aquí entra la sociología. Las normas sociales, la educación, la reciprocidad, la reputación y la cultura pueden ampliar enormemente nuestro círculo de cooperación. Aprendemos que ayudar, compartir o cuidar de otros son comportamientos valorados y, en muchas sociedades, también existen instituciones creadas precisamente para organizar esa ayuda.

Así que quizá el altruismo humano tenga dos historias entrelazadas: una escrita por la evolución y otra escrita por la cultura. La biología pudo enseñarnos a cuidar de los nuestros. La cultura nos enseñó que "los nuestros" podían ser cada vez más.

Y quizá una de las grandes aventuras de la humanidad haya sido precisamente esa: convertir un instinto nacido en la familia en una capacidad para cooperar con millones de desconocidos. En humanos, muchas conductas se producen entre personas que no son familiares: imitamos, enseñamos, copiamos normas y transmitimos comportamientos que pueden beneficiar al grupo.

Ayudar a un desconocido puede no aumentar directamente nuestra reproducción ni beneficiar a un pariente, pero sí puede mejorar nuestra reputación y favorecer que otros cooperen con nosotros posteriormente. 

Por otra parte, según la sociología evolutiva, existe la norma: "Debemos ayudar a quien pertenece a nuestro grupo".

Y esa norma puede mantenerse mediante reputación, aprobación social, castigo al egoísta y educación. 

Así, el comportamiento altruista deja de depender exclusivamente de los genes que compartimos y pasa a depender también de:

  •  ¿Pertenecemos al mismo grupo?
  •  ¿Cooperamos habitualmente?
  •  ¿Qué pensarán los demás de mí?
  •  ¿Qué ocurrirá si nadie coopera?

Los modelos actuales estudian conjuntamente evolución genética y evolución cultural: 

Los genes predisponen y la siguiente ecuación dispone.

PARENTESCO + RECIPROCIDAD + REPUTACIÓN + NORMAS SOCIALES + CULTURA + SELECCIÓN DE GRUPO + INTERACCIÓNES SOCIALES = ALTRUISMO