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lunes, 25 de abril de 2016

¿Qué es un ordenador cuántico? Primera parte



Un ordenador, también llamado computador o computadora, es, como bien lo define wikipedia, una máquina electrónica que recibe y procesa datos para convertirlos en información conveniente y útil.

Pero esos datos, para cualquier ordenador, son en realidad números. Los ordenadores no entienden de literatura, ni de física, ni de música…, ni siquiera de matemáticas entienden. Ellos sólo entienden y manejan números, números muy grandes - eso sí -, números formados por muchas cifras y con muchos decimales.

Por otra parte al ordenador le suministramos información a través de “sus sentidos”, así como nosotros percibimos el mundo exterior a través de la vista, el oído, el gusto, el olfato o el tacto, el ordenador percibe sus datos a través del teclado, el lápiz óptico, el ratón, etc. Y se expresa mediante el monitor, la pantalla, los altavoces, etc.

Cuando tecleamos, por ejemplo, nuestro nombre sobre el teclado, al pulsar cada una de las letras y espacios lo que estamos haciendo es indicar a la computadora una secuencia de números (cada tecla, al ser pulsada, cortocircuita dos de las patitas de un pequeño circuito integrado, mediante la matriz de cables desnudos de cobre existente bajo las teclas de plástico). 

De igual modo cuando el ordenador nos quiere indicar un resultado, o simplemente escribir en la pantalla un pasaje del Quijote para nosotros, lo que hace es justamente lo contrario (en este caso envía señales eléctricas a algunos de los cables de cobre que se cruzan tras la superficie de la pantalla del monitor en pequeñas celdas que al recibir tensión se iluminan). Así, cada una de las celdas, en las que confluyan los pares de señales que el ordenador envió, se iluminarán para formar un pixel de imagen, que junto con otros muchos píxeles, o celdas iluminadas, conformarán y trazarán las imágenes visibles (en este caso las letras y palabras del párrafo mencionado).

Pero los números con los que el ordenador lo hace todo (desde escribir una poesía a realizar un complicado cálculo matemático, pasando por dibujar el esquema de una máquina, colorear una imagen o reproducir una canción, entre otros miles de cosas) no funcionan como los que usamos nosotros de forma cotidiana. Nosotros utilizamos diez dígitos, del cero al nueve, para representar cualquier cantidad posible, el ordenador, en cambio, sólo utiliza dos: el cero y el uno. 

Y es que con solo esos dos caracteres (cero o uno, blanco o negro, encendido o apagado, alto o bajo, con tensión o sin tensión…) se puede escribir cualquier número. 

Veamos un ejemplo:

Si yo quiero escribir el número 8, utilizando solo ceros y unos, puedo escribirlo así: 1000 (un uno seguido de tres ceros). 

El dígito más a la derecha vale 'uno' si está en 1 y 'cero' si está en 0. 
El segundo dígito vale 'dos' si está en 1 y 'cero' si está en 0.
El tercer dígito vale 'cuatro' si está en 1 y 'cero' si está en 0.
El cuarto dígito vale 'ocho' si está en 1 y 'cero' si está en 0. 

Por tanto el ocho se escribe encendiendo solo el cuarto dígito, comenzando a contar desde la derecha hacia la izquierda.
Para escribir el seis, por ejemplo, encendemos el tercer dígito (que vale cuatro) y el segundo (que vale dos), manteniendo los otros dos apagados, es decir 0110. 
Y para el siete encendemos el primero, el segundo y el tercero: 0111.

Si en vez de usar solo cuatro dígitos usamos 8, 16, 32, 64, 128... imaginad los números extensísimos que podemos llegar a representar, porque cada dígito que añadimos por la izquierda valdrá el doble que el que le precede.

Por ejemplo el número 15, en binario, sería 1111, para continuar con números más grandes añadimos dígitos. Así:

El 16   se escribe                0 0 0 1  0 0 0 0
El 32   se escribe                0 0 1 0  0 0 0 0
El 64   se escribe                0 1 0 0  0 0 0 0
El 65   se escribe                0 1 0 0  0 0 0 1
El 127 se escribe                0 1 1 1  1 1 1 1
El 255 se escribe                1 1 1 1  1 1 1 1
El 256 se escribe    0 0 0 1  0 0 0 0  0 0 0 0

De esta forma podemos ir aumentando dígitos hasta el infinito para conseguir cada vez números más grandes. La única limitación para seguir implementando dígitos es el espacio de almacenamiento que necesitamos, que aumentará conforme se haga más grande el número.

Como os decía al principio los números se pueden convertir en cualquier cosa, en letras por ejemplo, si a cada letra le asignamos un número específico.
Podemos empezar asignando a la “a” el “1”, y así hasta la “z” a la que asignamos el número “27”, luego volvemos a recorrer el abecedario desde la “A” a la que le asignamos el “28” y numeramos todas las mayúsculas hasta la “Z”, después asignamos número a los dígrafos: ch / ll / gu / qu / rr, también a cada uno de los signos de puntuación, etc., etc., etc.

Es evidente que para escribir la palabra “Casa”, al ordenador, para que nos entienda, tenemos que decirle que lo que vamos a escribir es una palabra, y luego deletrearle la palabra en cuestión. En vez de “Casa” le decimos: “30-01-20-01” (el 30 es "C" mayúscula, el 1 es "a" minúscula, el 20 "s" minúscula y el 1 es "a" minúscula) que en binario sería: 

00011110-00000001-00010100-00000001


Porque: 

DECIMAL            BINARIO

30 --> 0 0 0 1 1 1 1 0
01 --> 0 0 0 0 0 0 0 1
20 --> 0 0 0 1 0 1 0 0
01 --> 0 0 0 0 0 0 0 1


Así que nuestra palabra simple de cuatro letras para que el ordenador la entienda hay que convertirla a un número de 32 dígitos. Y así sucede para cualquier otro dato que queramos introducir al ordenador.
Imaginaos por ejemplo para escribir las obras completas de Cervantes, la cantidad de dígitos que se necesitan. 

Todos estos números se almacenan, en el interior de los ordenadores, en una especie de estanterías electrónicas a las que llamamos memorias. Una memoria de ordenador no es más que una pila de baldas con 8, 16, 32, 64… casilleros cada una.
Para almacenar nuestra palabra: “Casa” en una memoria digital, basta con poner una marca en cada una de las casillas que queremos que valga uno y no hacer nada en las demás. 

Así en la primera de las baldas, de nuestra estantería-memoria de treinta dos casilleros, tendríamos:

  0 0 0 1 1 1 1 0 0 0 0 0 0 0 0 1 0 0 0 1 0 1 0 0 0 0 0 0 0 0 0 1
          _ _ _ X X X X _ _ _ _ _ _ _ _ X _ _  _ X _ X _ _ _ _ _ _ _ _ _ X


Con esas ocho celdas activadas (con tensión eléctrica) hemos escrito 'Casa' en la primera balda de nuestra memoria, y a esa balda en concreto le asignamos una dirección (la 00000111 por ejemplo) para que cuando queramos recuperar nuestra palabra solo tengamos que indicársela a la computadora y ella, automáticamente, después de leer los números en el casillero direccionado, envíe los datos a la pantalla en forma de números que encederán los píxeles necesarios para mostrar la palabra [Casa] en el display. 

De esta forma tan simple, con estanterías de datos (memorias) muy grandes (de muchas baldas apiladas, y muchos casilleros por balda), podemos guardar grandes cantidades de números (que representarán todo aquello que nosotros queramos codificar) que luego podemos recuperar cuando queramos para mostrarlos o para operar con ellos.

En realidad las memorias son circuitos electrónicos que, en vez de marcas o unos y ceros, lo que almacenan son niveles de tensión. Es tan simple como enviar y mantener 5 voltios de tensión, aplicados a las celdas del circuito integrado (memoria) que queremos que valgan 1, y no enviar nada, manteniendo esas otras por tanto a cero voltios, a las celdas que deben contener el valor 0.

No vamos a profundizar más en el ordenador clásico, pues sería preciso escribir varios libros para poderlo hacerlo seria y pormenorizadamente, pero creo que con lo expuesto hasta aquí se entiende básicamente su funcionamiento y es más que suficiente para ingresar en la segunda parte: en “lo cuántico”.

...Y ¿qué es cuántico?... Qué significa en realidad esta bonita palabra que suena a magia y que utilizan sin mesura y sin pudor todos aquellos que quieren “impresionar” al resto de los mortales intentando explicar lo que aún es inexplicable para la ciencia. 

Bueno… voy a intentar explicároslo como lo entiendo yo, sin magia ni meigas, pero esto será en una segunda entrega, pues esta ya se ha alargado en demasía. Os prometo que en unos días os sigo contando cosas sobre el intrigante ordenador cuántico. Hasta entonces gigasaludos y terabytes de gracias a todos y cada uno de mis apreciados lectores.

viernes, 23 de mayo de 2014

El universo irracional y el raciocinio humano.


Estamos tan acostumbrados a las dimensiones de nuestro pequeño planeta Tierra y a las unidades de medida que habitualmente utilizamos en él, que llegamos a olvidarnos de la verdadera magnitud, de las hechuras de este Universo en el que vivimos.
Cuando miro al cielo, de noche, y veo todas esas estrellas lejanas titilando en la inmensidad del cosmos, a veces intento comprender cómo es que siendo nosotros unos pequeños e indefensos "animalitos", residentes advenedizos en este minúsculo planeta; uno de los dos hijos gemelos del tercer parto de una modesta y joven estrella amarilla que desde hace cinco mil millones de años gira y gira sin cesar perdida en la inmensidad de una galaxia cualquiera, nos creemos el centro del Universo.
Todo en nuestro mundo va tan rápido, estamos tan ocupados y ensimismados en lo cotidiano que,

martes, 1 de abril de 2014

Pitágoras, la música y las matemáticas.




Pitágoras amaba a los números apasionadamente. El insigne matemático, al que le fascinaban los increíbles vínculos entre los guarismos y la naturaleza, había descubierto, a través de sus experimentos e investigaciones, que todos los fenómenos naturales, incluida la música como tal, se rigen por leyes que pueden describirse a través de ecuaciones matemáticas. Y sabía, por tanto, de la íntima relación entre la armonía musical y los números.

jueves, 13 de febrero de 2014

El tamaño de los átomos. O toda la humanidad contenida en un grano de arroz.



Todos hemos oído hablar del Big-Bang. Y de que toda la materia del universo (y por tanto también su energía) se encontraba al principio condensada en una singularidad, en un punto minúsculo (muchos científicos piensan que debió ser del tamaño de un pomelo) que comenzó a expandirse justo en el momento de la gran explosión, exactamente cuando el tiempo comenzó a contar para nosotros.
Supongo que muchos, alguna vez, os habréis preguntado cómo es posible que, siendo el espacio tan vasto como a nosotros nos parece hoy, todas las galaxias, estrellas, planetas y demás cuerpos celestes del cosmos cupieran entonces en aquella pequeña singularidad.

domingo, 12 de enero de 2014

¿Por qué debemos dormir?




Tanto el sueño como la vigilia son estados cerebrales. La función del sueño, en realidad no es un estado pasivo o de privación de vigilia, si no un estado activo durante el cual se realizan funciones corporales imprescindibles y actividades mentales transcendentales para un buen equilibrio físico y psicológico.
Mientras soñamos se producen en nosotros cambios bioquímicos, hormonales, metabólicos y térmicos necesarios para el buen funcionamiento del organismo durante la jornada.

lunes, 30 de diciembre de 2013

¿Por qué nos da fiebre?


Los mamíferos, al igual que las aves, somos animales homeotermos (de sangre caliente) con capacidad de termo-regulación, es decir, podemos mantener constante la temperatura interior de nuestros cuerpos, entre 34 y 38 grados celsius según la especie, independientemente de las variaciones de temperatura que se produzcan en el ambiente en el que nos encontremos. 
La producción de calor (termogénesis), supuso en la prehistoria una ventaja crucial de nuestra especie sobre los reptiles y demás poiquilotermos (animales de sangre fría), para adaptarse a climas difíciles y a periodos de frío intenso sobre el planeta.
Nuestra temperatura corporal (entre 36 y 37 grados centígrados), óptima para el metabolismo animal y adecuada para protegernos de infecciones causadas por hongos, fue trascendental en el éxito adaptativo de nuestra especie.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Apellidos toponímicos.



Conforme fue aumentando el número de habitantes de las muchas villas, aldeas y lares de nuestra geografía en la Edad Media, y dado que en muchas ocasiones se agotaba el santoral y los nombres propios de los pobladores debían repetirse en diferentes personas, se fue haciendo cada vez más necesario el uso de los sobrenombres para poder identificar y diferenciar a los diferentes individuos de una comunidad.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Apellidos patronímicos.




Los apellidos actuales proceden, casi en su totalidad, de nombres de personas (patronímicos) o de lugares (toponímicos). Aunque también existen infinidad de apellidos que se derivan de apodos, advocaciones religiosas, plantas, animales, rasgos físicos, expresiones, etc. etc.

domingo, 17 de noviembre de 2013

¿Por qué nos resfriamos cuando hace frío?



Todos, antes o después y casi con toda seguridad, hemos padecido en alguna ocasión, o habremos de padecer a lo largo de nuestras vidas (sobre todo durante los fríos periodos invernales), los infortunados efectos adversos de alguna que otra inoportuna e ingrata infección gripal o, si no, cuando menos y con más probabilidad aún, habremos sufrido las infaustas consecuencias (mucho más moderadas éstas que aquellas) de más de uno de esos molestos y humorosos resfriados del tipo llamado “común”.

jueves, 18 de julio de 2013

Centrales eléctricas modernas, ... basadas en un invento de la naturaleza con 500 millones de años de antigüedad.



Los primeros conquistadores de las Américas - los españoles - crearon un mito acerca de El Dorado, país prodigiosamente rico que se encontraba en las selvas del continente meridional,donde las calles incluso estaban cubiertas con ladrillos de oro puro. En busca de este maravilloso país, se equipaban y partían una expedición tras otra desde España. 

Cuentan que, uno de estos destacamentos, logró penetrar en la cuenca alta del Amazonas. Los hombres navegaron durante varios meses río arriba antes de llegar al nacimiento del enorme río. Hasta que llegaron a un pequeño arroyo que ya no era navegable y hubieron de continuar la marcha a pie, por la selva.
Todo iba bien, hasta que se tropezaron con una serie de pequeños charcos en un terreno pantanoso que debían atravesar y los cargadores indios se negaron a entrar en el agua. No había forma de convencerlos y en sus ojos se reflejaba el horror. Los europeos no podían comprender lo que ocurría. Los charcos eran tan pequeños, que en éstos no podían ocultarse cocodrilos ni anacondas. Tampoco podía haber pirañas; la amenaza conocida de los ríos sudamericanos.
Entonces uno de los europeos avanzó, para dar ejemplo a los asustados cargadores. Avanzó sólo unos pasos y cayó al agua dando un grito inhumano; como si lo hubiesen tronchado de un enorme golpe. Dos compañeros que acudieron en su ayuda también se derrumbaron en el barro al cabo de unos segundos, derribados por ese mismo enemigo invisible.
Sólo después de pasar varias horas sus acompañantes se atrevieron a entrar en el agua con precaución y sacar a los desdichados. Los tres quedaron vivos, pero tenían los pies paralizados. Por la tarde el movimiento de los pies comenzó a recuperarse, pero sólo se curaron del todo al cabo de varios días. De Sicca, el capitán del destacamento, que era supersticioso como todos los demás conquistadores, decidió regresar.

Así es cómo los europeos se enteraron de que existía una central eléctrica, que se encontraba en el cuerpo de un pez bastante grande, de entre 1.5 y 2 metros de largo y hasta 22 kilogramos de peso <la anguila eléctrica de agua dulce>.


Electrophorus electricus


Los electrocitos son un tipo de célula usada por la ‘Electrophorus electricus’ (anguila eléctrica) y otros peces eléctricos, para llevar a cabo la electrogénesis y electrorrecepción. Son células en forma de discos que están dispuestas en una secuencia de manera similar a una batería eléctrica. Los peces eléctricos pueden tener miles de esas células capaces de producir, cada una de ellas una tensión de 0,15 V. 

Las células funcionan por bombeo positivo de iones sodio y potasio a través de su membrana hacia el exterior mediante transporte de proteínas potenciado por ATP (adenosín trifosfato). 

Para hacer que se descarguen los electrocitos en el momento deseado, la anguila eléctrica usa su núcleo disparador, un núcleo de neuronas. 



Cuando la anguila encierra a su presa, las neuronas disparan y la acetilcolina, subsecuentemente emitida de las neurona electromotor a los electrocitos, resulta en una descarga del órgano eléctrico.

Según explican dos investigadores en la revista especializada Nature, las membranas celulares de órganos eléctricos de la anguila contienen, a escala nanométrica, numerosos conductores con forma de canales receptores de iones y canales bombeadores de iones. 
Todos estos canales trabajan juntos para formar gradientes de concentración iónica a través de toda la membrana, y provocar así la liberación de un potencial de acción (o impulso eléctrico).  

Gracias a estos canales, las células eléctricas o electrocitos de estas anguilas tienen un ciclo más lento que el de las células nerviosas, pero liberan mucho más energía que ellas, y en periodos más largos.




Un equipo de investigadores de la Universidad de Yale, ha creado un plano de construcción que permitiría, en teoría, fabricar células artificiales del tipo de los electrocitos, pero más eficaces aún que las células naturales a las que imitan, y aseguran que algún día podrían utilizarse para proporcionar energía a los implantes médicos.

Estos científicos empezaron con la pregunta de: si una versión artificial del electrocito podría diseñarse como una posible fuente de energía, ya que la anguila eléctrica es muy eficaz en la generación de electricidad. y puede generar más carga que muchos dispositivos eléctricos de elaborado diseño.

Algún tiempo atrás, Jian Xu confeccionó el primer plano que muestra cómo los diferentes canales iónicos del electrocito operan en conjunto para producir la electricidad del pez.

LaVan y Xu, científicos del Instituto Nacional de estándares y Tecnología de EEUU, diseñaron una célula artificial que pudiera reproducir la generación de energía del electrocito. Nadie lo había hecho antes.

“Quisimos ver si la naturaleza ya había optimizado la potencia de salida y la eficiencia de conversión de energía de esta célula”, explica Xu, “y encontramos que una célula artificial, realmente puede superar los resultados de las células naturales, lo cual resulta muy sorprendente”.

La célula artificial que diseñaron LaVan y Xu es capaz de producir un 28% más de electricidad que el propio electrocito de la anguila, y además su eficiencia convirtiendo energía química de la célula en electricidad es un 31% mayor.

Aunque las anguilas usan miles de electrocitos para producir cargas de hasta 600 voltios, LaVan y Xu demuestran que sería posible crear bio-baterías más pequeñas utilizando tan sólo varias docenas de células artificiales. Las diminutas bio-baterías sólo necesitarían alrededor de medio centímetro de espesor para producir los pequeños voltajes necesarios para dispositivos eléctricos diminutos como los implantes retinales u otros implantes médicos, y proporcionarían una gran ventaja sobre los dispositivos alimentados por baterías convencionales. Si las bio-baterías se rompen, no hay ninguna toxina liberada en el organismo del paciente. Serían esencialmente como cualquier otra célula del cuerpo humano.

Aunque los ingenieros cuentan ya con un diseño preliminar, todavía pasará algún tiempo antes de que se construyan las células artificiales, ya que primero se deben resolver varios retos tecnológicos.


*** BIO BATERÍAS DISEÑADAS POR SONY.



miércoles, 17 de julio de 2013

¿Por qué no notamos el movimiento de rotación de la Tierra?

 


El movimiento espacial de nuestro cuerpo lo percibimos gracias a un sistema orgánico, en el que participan simultáneamente estímulos aferentes de tres fuentes: la visión, el órgano vestibular del oído interno y los sensores musculares, articulares y cutáneos que nos aportan una información somatosensorial o “propioceptiva” sobre el desplazamiento de nuestros cuerpos, y sobre el contacto físico de estos con la materia que nos rodea.
La combinación de toda esa información se integra en el sistema nervioso central, desde donde se emiten las órdenes para llevar a cabo las acciones de corrección o reacciones convenientes para mantener y/o restablecer el equilibrio corporal, la coordinación y el bienestar general.

El sistema vestibular registra directamente la orientación y el movimiento de la cabeza. El laberinto vestibular es una estructura ósea minúscula localizada en el oído interno que comprende los canales semicirculares llenos de líquido (endolinfa), el utrículo y el sáculo.

Cada uno de los tres conductos semicirculares se encuentra contenido aproximadamente en un plano, y resulta que el plano de cada uno de los conductos es casi perpendicular al plano de los otros dos. Estos planos son: uno horizontal y otros dos verticales.

Si ocurre un giro alrededor del eje vertical, el conducto semicircular horizontal es el que detecta el movimiento; si el giro ocurre alrededor del eje horizontal entonces es el conducto semicircular vertical el que registra el movimiento, de igual forma sucede para el tercer conducto semicircular.

Pero, de producirse cualquier otro giro, sobre un eje arbitrario, entonces cada uno de los conductos semicirculares acusará parte de dicho giro y consecuentemente se podrá calcular su componente o dirección. Así es como el cerebro calcula la ubicación espacial del el giro completo.

Pero ¿qué tiene esto que ver con la rotación de la Tierra?... 

Como sabemos nuestro planeta realiza varios movimientos. Respecto al de traslación, sabemos, por la relatividad especial de Einstein, que no somos capaces de distinguirlo (ya estemos nosotros mismos en reposo o en movimiento) por ser éste un desplazamiento lineal y uniforme. Así, cuando viajamos a lomos de nuestro planeta, en línea recta (o casi), a una velocidad cualquiera, por muy alta que esta sea (108.000 Km/h al rededor del Sol) no podemos detectar dicho movimiento. 

Pero ¿y el movimiento de rotación, a 1600Km/h, por qué tampoco lo notamos? Pues bien, hay que tener en cuenta que la Tierra es extremadamente grande y, por tanto, la ruta que seguimos sobre ella por el espacio tiene una curvatura muy pequeña, es decir, supone también para nosotros "casi" una línea recta. 
Por eso, el sistema vestibular no es capaz de acusar el movimiento de giro a lo largo de los 40.000 kilómetros que mide la circunferencia de la Tierra en la superficie terrestre sobre el ecuador, ya que este tarda 1.440 minutos en completarse, (aunque que suponga una velocidad absoluta de vértigo: casi 28 kilómetros por segundo). 
Pero es que, al fin y al cabo, se trata en realidad de una rotación a velocidad de 360º cada 24 horas, es decir velocidad de giro a 0,25º por minuto, o lo que es lo mismo 0,0042º por segundo. Y ese desplazamiento no es detectable por nuestro sistema vestibular, porque nuestro oído interno, el encargado de detectar los giros en el cuerpo, tiene un umbral de detección en torno a 2º por segundo, a partir del cual detecta el movimiento y por debajo del cual no lo detecta.
Por tanto, al igual que sentados en una silla de ruedas con los ojos vendados tampoco notaríamos nada si alguien nos hiciera girar, hasta dar una vuelta completa, siempre que emplee algo más de tres minutos en completarla. Y mucho menos entonces notamos la rotación completa del planeta en 24 horas.
Por tanto: El giro del planeta no se manifiesta para nuestro oído interno y es imperceptible a nuestros sentidos.

jueves, 11 de julio de 2013

Por los siglos de los siglos...



A todos nos han enseñado en la escuela que: para saber a qué siglo pertenece un año dado, tan sólo hay que sumar un uno a la cifra formada por los dos primeros números del año en cuestión, siempre y cuando dicho año se exprese en notación de cuatro dígitos, aunque para ello sea preciso colocar varios ceros a su izquierda. 

Elijamos un año cualquiera, pongamos por caso que nos referimos al año 12 d.C. (después de Cristo), escribiríamos el guarismo que le corresponde con cuatro dígitos, esto es 0012, ahora le sumamos un uno a la cifra 00 (sus dos primeros dígitos) y nos da como resultado el número "uno" (1), por tanto el año 12 corresponde al siglo I. Otro ejemplo 1492 d.C., (un gran año para España, y para los Reyes Católicos que por fin culminaron la Reconquista en Granada y un par de meses después Cristobal Colón los cubrió de oro, gracias al descubrimiento de "Las Américas"), pues bien sus dos primeros dígitos: 14, más uno, da un total de quince; hablamos del siglo XV. Por último consideremos el año 2000, repetimos el procedimiento: sus dos primeros dígitos forman el 20, a este le sumamos un uno y da veintiuno; así el año 2000 pertenece al siglo XXI.

... Pero, algo no cuadra aquí... razonemos para analizar la cuestión: 
  1. Un siglo, como todos sabemos desde la más tierna edad, son cien años. 
  2. Del 0 al 99 van cien dígitos (años). Por lo que, del 1 al 100 también van cien dígitos (años).
  3. El primer año de la Era Cristiana es el año 1, cuenta a partir del (supuesto) año de nacimiento de Jesucristo. 
  4. No existe el año 0 en la Era Cristiana.
Por tanto, aplicando las premisas anteriormente establecidas, absolutamente correctas, verídicas y aceptadas por todos: el primer siglo, el siglo I (d.C.), puesto que no existe el año 0, se extiende desde el año 1 al año 100 (periodo de cien años), el siglo II comprenderá consecuentemente desde el año 101 al 200, el siglo III desde el 201 al 300, y así sucesivamente hasta llegar al siglo XXI que discurre entre los años 2001 y 2100 (aunque yo recuerdo con claridad meridiana haber celebrado, en compañía de casi toda la humanidad, con uvas y champagne, el inicio del siglo XXI, y con él el del tercer milenio, justo al término de la Noche Vieja del año 1999. Cuando en realidad debería haber celebrado dicho evento exactamente un año después).

Entonces, queda claro que:

a) Es preciso establecer una excepción a aquella regla que nos enseñaron de pequeños en la escuela, que consiste en que: "dicha regla no es válida para los años que terminan en 00; en cuyo caso el siglo coincide exactamente con la cifra formada por sus dos primeras cifras en notación de cuatro guarismos", como ya se ha explicado.

b) El siglo XXI comenzó realmente con el inicio del año 2001 y no el uno de enero del 2000, como casi todos dimos por sentado..

c) Quizás para el siglo XXII, si aún existe el planeta Tierra, se corregirá el error; prolongando el actual siglo un año más para poner la cuenta al día. Sería entonces ¡la primera centuria de la historia de la humanidad que contara con 101 años en vez de los 100 reglamentarios!.

martes, 2 de julio de 2013

Victoria pírrica

Pirro, rey de Epiro.


Según la RAE, el adjetivo pírrico tiene la siguiente definición: 
"Dicho de un triunfo o de una victoria: Obtenidos con más daño del vencedor que del vencido. En una segunda acepción se describe como: Conseguido con mucho trabajo o por un margen muy pequeño."
Pirro, rey de Epiro, era un militar famoso por su dominio de la estrategia militar. En 281 a. de C., recibió una petición de ayuda por parte de la colonia griega de Tarentum, hoy Tarento, que estaba en guerra con los romanos. Pirro acudió al llamado con 25 000 hombres, y se enfrentó con los romanos en la sangrienta batalla de Heraklea, en la que obtuvo la victoria a costa de la pérdida de 13 000 soldados. 

Un año más tarde, volvió a derrotar a los romanos en la batalla de Ausculum, en la provincia de Apulia (Puglia), pero nuevamente sufrió pérdidas tan severas que el general victorioso expresó: «Otra victoria como esta y seremos destruidos». 

Desde entonces, la expresión victoria pírrica —del griego pyrrikós, 'de Pirro'— se emplea para referirnos a los éxitos cuya consecución no ha merecido la pena por haber costado grandes esfuerzos y sacrificios. O lo que es lo mismo: Es una victoria lograda con igual o más daño del vencedor que del vencido.

Con el paso de los siglos, la expresión “victoria pírrica” se mantuvo vigente en el habla occidental e incluso saliendo del ámbito bélico, pues también es empleada en el deporte o la política como sinónimo de una victoria ajustada.

Fuente: Ricardo Soca.

martes, 25 de junio de 2013

¿Por qué, al escucharnos en una grabación, nuestra propia voz nos parece más aguda?


El hecho de que tenemos la capacidad de oír por medio de la conducción de sonido a través del cráneo juega un papel muy importante en el proceso de hablar. Para entender este fenómeno veamos con algún detalle cómo hablamos.

Cuerdas vocales
Cuando al hablar emitimos un sonido nuestros pulmones expelen aire a través de la laringe. Esta ráfaga de aire incide sobre las cuerdas vocales, que tienen cierto parecido con el conjunto de cuerdas de un instrumento musical como el piano o el violín. El aire que llega a las cuerdas las excita, hace que éstas empiecen a vibrar y emitir sonidos con ciertas frecuencias características. Dos cuerdas distintas emiten conjuntos distintos de frecuencias. Sin embargo, no todas las ondas llegan a cruzar la boca. En efecto, las ondas se encuentran con ciertas posiciones de la boca y de la lengua que hacen que solamente aquellas que tengan ciertas frecuencias estén en resonancia, logren sobrevivir y salir al exterior. Las otras ondas, que no están en resonancia con la configuración de la boca y lengua, se disipan. De esta manera, por medio del cambio de la configuración de la boca y lengua tenemos la capacidad de emitir sonidos de distintas frecuencias. Así, por ejemplo, la i como la de "tinta", es un sonido de alta frecuencia o sea de tono agudo. Nótese que al producir este sonido dejamos la boca con una abertura pequeña y con la lengua cerramos más la abertura. De esta forma, la longitud de la abertura es muy pequeña y la frecuencia que deja pasar es alta. Recuérdese que la relación entre frecuencia y longitud de la abertura es inversamente proporcional una a la otra: mientras más pequeña sea la abertura mayor será la frecuencia e inversamente. Cuando producimos la letra a abrimos mucho la boca y bajamos la lengua. Así se logra que la abertura efectiva tenga una longitud grande y por tanto, la frecuencia que deja pasar es pequeña; es decir, su tono es grave.
 
Cuando las cuerdas vocales empiezan a vibrar, emiten el sonido a través de la boca al exterior. Este sonido emitido por la boca lo podemos oír cuando llega a nuestros oídos. Sin embargo, al mismo tiempo ocurre otro fenómeno: las vibraciones de las cuerdas vocales también hacen que nuestro cuerpo vibre, en particular empieza a vibrar la quijada. Estas últimas vibraciones se transmiten por medio de los huesos al oído interior. En consecuencia, cuando hablamos oímos los sonidos que producimos de dos maneras distintas: por conducción a través de los huesos y por conducción a través del aire. Una persona que nos esté oyendo hablar solamente oirá sonidos que se propaguen por el aire.

Cuando los sonidos producidos por nosotros se propagan a través del aire resulta que algunas de las componentes de baja frecuencia que contienen se pierden. Recordemos que cuando cualquier instrumento o sistema mecánico como nuestras cuerdas vocales empieza a vibrar, emite ondas no solamente con una frecuencia, la fundamental, sino que también produce ondas con frecuencias que son sobretonos de la fundamental. En consecuencia, cualquier sonido contiene un número de frecuencias, desde bajo valor hasta alto valor. Son algunas de las frecuencias de bajo valor las que se pierden en la conducción por el aire. Sin embargo, estas componentes de baja frecuencia no se pierden en la conducción a través de los huesos. Por lo tanto, al oírnos hablar percibimos estas últimas componentes que nos dan la sensación de un habla de tono grave, muy poderosa y dinámica. Cuando escuchamos una grabación de nosotros mismos, oímos que hablamos de manera muy "chillona". Esto se debe a que la reproducción no contiene algunas componentes de baja frecuencia ya que se logró por medio de propagación a través del aire. En la grabación hay preponderancia de altas frecuencias que dan la sensación de un tono más agudo. 
De igual modo, pero a la inversa, sucede cuando al hablar nos taponamos los oídos; entonces nuestra voz nos parece aún más grave y lejana porque dejamos de percibir el sonido que emiten nuestras propias cuerdas vocales y sólo percibimos las bajas frecuencias que se transmiten a través de los huesos del cráneo.

lunes, 24 de junio de 2013

Hacer el primo

La palabra 'primo', en latín, se decía consōbrīnus. El primo mayor era el "consōbrīnus primus". Con el tiempo, sin embargo, se empezó a extender esta expresión para los primos menores, y se dejó de usar el "consōbrīnus" original. Así que ahora "todos somos el primo mayor".

Una palabra derivada es 'primavera', que proviene del latín vulgar: prima y ver. A su vez el latín ver viene del indoeuropeo ver-, que se relaciona con el crecimiento y de donde vienen las palabras: verde, vergel, verano...
Por lo tanto, la palabra primavera, viene de ver primum: 'previo al verano', 'antes del verano', 'primero que el verano'.




Pero, ¿Sabías por qué HACER EL PRIMO es dejarse engañar fácilmente?

El erudito publicista Joaquín de Entrambasaguas dedicó un largo estudio al origen de esta expresión en su obra “Estudios dedicados a don Ramón Menéndez Pidal”. Allí afirma que la palabra primo con el significado de ‘persona simple e incauta’ aparece con frecuencia en el teatro costumbrista del siglo XIX y que su origen se remonta a las cartas que durante la guerra de la Independencia y a raíz de los sangrientos sucesos del 2 de mayo de 1808, dirigió el general francés Joaquín Murat al infante don Antonio y a la Junta Suprema de Gobierno de España.

Según el protocolo de la Real Casa, el rey daba el tratamiento de primo a los grandes de España en cartas privadas, pues en mayor o menor medida estaban emparentados. El mariscal francés Joaquín Murat, siguiendo el protocolo de la Corte española, llamó primo al atontado e incauto infante. Tal palabra tenía tintes de burla en estas cartas de Murat, pues Napoleón tenía secuestrados al rey Carlos IV —abuelo del infante— y a Fernando VII, futuro heredero de la Corona.

Murat dirigió una serie de escritos al infante Don Antonio y a la Junta de Gobierno de España, haciendo alusión a él con el nombre de "primo". Las cartas empezaban tal que así:“Señor primo, señores miembros de la Junta” (tratamiento que se daba a los grandes de la Nación, establecido por el protocolo de la Casa Real) formulando una serie de amenazas tales como:"Anunciad que todo pueblo en que un francés haya sido asesinado será quemado inmediatamente". En esos términos el vocablo "primo" sonaba como mofa, más aún cuando el Infante acataba sin rechistar aquellas hirientes palabras. 
El pueblo relacionó enseguida el término "primo" al carácter pusilánime y entregado del Infante y tras los siglos se acuñó la expresión que con el significado conocido ha llegado a nuestros días.

Y citando a Entrambasaguas: “Pero si ellos parecían propicios a continuar este inverosímil estado de cosas, los madrileños, los españoles, el pueblo, que no entendían de estos tejemanejes nauseabundos, no estaban dispuestos, como el Infante y sus consejeros, a hacer el primo…” El pueblo tomó el mando de la defensa de su patria y, en represalia, Murat ordenó los célebres fusilamientos del 3 de mayo. El resto es historia.



D.R.A.E.  primo, ma. (Del lat. primus).

1. adj. primero.
2. adj. Primoroso, excelente.
3. m. y f. Respecto de una persona, hijo o hija de su tío o tía.
4. m. y f. Tratamiento que daba el rey a los grandes de España en cartas privadas y documentos oficiales.
5. m. y f. coloq. Persona incauta que se deja engañar o explotar fácilmente.
6. m. coloq. p. us. Hombre de raza negra.
7. m. germ. jubón (‖ vestidura).
8. f. Cantidad extra de dinero que se da a alguien a modo de recompensa, estímulo, agradecimiento, etc.
9. f. Cantidad que el cesionario de un derecho o una cosa da al cedente por añadidura del coste originario.
10. f. En algunos instrumentos de cuerda, la primera y la más delgada de todas, que produce un sonido muy agudo.
11. f. prima tonsura.
12. f. Premio concedido, la mayoría de las veces por el Gobierno, a fin de estimular operaciones o empresas que se reputan de conveniencia pública o que interesan a quien lo concede.
13. f. Una de las siete horas canónicas, que se canta a primera hora de la mañana, después de laudes.
14. f. Primera de las cuatro partes iguales en que dividían los romanos el día artificial, y que comprendía desde el principio de la primera hora temporal, a la salida del Sol, hasta el fin de la tercera, a media mañana.
15. f. Cineg. Halcón hembra.
16. f. Com. Suma que en ciertas operaciones de bolsa se obliga el comprador a plazo a pagar al vendedor por el derecho a rescindir el contrato.
17. f. Com. Precio que el asegurado paga al asegurador, de cuantía unas veces fija y otras proporcional.
18. f. Mil. Primero de los cuartos en que para los centinelas se dividía la noche, y comprendía desde las ocho a las once.
19. f. ant. Superioridad, excelencia, ventaja, sobre otros de su clase.
20. adv. t. primeramente. U. t. c. adv. ord.

~ carnal.
1. m. y f. primo hermano.

~ cormano, na.
1. m. y f. desus. primo hermano.

~ hermano, na.
1. m. y f. Respecto de una persona, hijo o hija de tíos carnales.

~ segundo, da.
1. m. y f. Respecto de una persona, hijo o hija de tíos segundos.

a primas.
1. loc. adv. ant. Primeramente, al principio.

caer, o coger, de primo.
1. locs. verbs. coloqs. Engañar fácilmente.

hacer el ~.
1. loc. verb. coloq. Dejarse engañar fácilmente.

ser algo ~ hermano de otra cosa.
1. loc. verb. coloq. Ser semejante o muy parecido a ella.




sábado, 22 de junio de 2013

Espejismo

Es habitual, en verano, al circular por rutas asfaltadas, observar un fenómeno conocido como “espejismo”. Puede verse también en algunas playas, cuando el sol es muy intenso y la arena seca está a muy alta temperatura, tanto que nos quema los pies si caminamos descalzos sobre ella. 

Este fenómeno se presenta a la vista como si delante de nosotros, a algunas decenas o incluso hasta varios cientos de metros, cuando al mirar la arena o el asfalto caliente, tenemos la sensación de estar viendo agua a lo lejos. Pero lo que vemos en realidad no es más que el reflejo del cielo, que al ser azul claro se parece a un gran charco de agua. 




La explicación de este fenómeno, es que las capas de aire caliente (las más próximas al suelo), tienen un índice de refracción menor que las que están más lejos y por eso van curvando la dirección de la luz, hasta que el ángulo supera al límite, produciendo la reflexión total. 




Un rayo de luz reflejado por un objeto lejano que va hacia abajo, y en la dirección del observador, va experimentando refracciones sucesivas al atravesar las distintas capas de aire; su inclinación hacia el suelo es cada vez menor y, tras llegar a la horizontal, el rayo sufre nuevas refracciones, aunque esta vez hacia arriba. Así es como, tras haber descrito una trayectoria curva de convexidad dirigida hacia abajo, llega al ojo del observador, que ve en el suelo (espejismo inferior) una imagen poco neta del objeto. Ahora bien, como otros rayos de procedencia real llegan también directamente al ojo del observador, éste tiene la impresión de ver a la vez el objeto (por ejemplo, una palmera en un desierto) y, al pie del mismo, una segunda imagen invertida, como si esta palmera se reflejara en una superficie líquida inexistente. Por tanto, en las horas más calurosas del verano, la imagen del cielo parece venir del asfalto de la carretera caliente, a la vez que ésta parece mojada o encharcada para el observador.

viernes, 21 de junio de 2013

Los quilates y el oro



QUILATES

Los antiguos griegos empleaban la semilla del algarrobo como unidad de medida para pesar joyas y piedras preciosas, debido a la uniformidad de peso que le atribuían. 
El algarrobo se llamaba en griego 'keration', por lo que esta palabra se empleaba también como unidad de peso de las gemas; un keration equivalía al peso de una semilla. Cuando los árabes adoptaron esa unidad de peso, su nombre se convirtió en quirat, que en español pasó más tarde a quilate.

Actualmente, quilate tiene dos denotaciones diferentes: el quilate de joyero y el de orfebre. El primero es una unidad de masa equivalente a 1/140 de una onza, lo que representa unos dos décimos de gramo. En cambio, el quilate de joyero, que expresa la cantidad de material precioso contenida en una aleación, equivale a 1/24 del total del material o, lo que es lo mismo, un 4,167%. De esta forma, una pieza de veinticuatro quilates está constituida por oro puro, mientras que una de dieciocho quilates tiene una pureza de 75%.

El quilate indica la relación del oro con otros metales. El número máximo de quilates de oro es 24, que hace referencia a una aleación de oro de 999 milésimas. El contenido de oro en 24 quilates es del 99,9%. El oro de 24 quilates se conoce también como oro puro (oro de ley). Hay artículos con diferentes números de quilates, si bien solo unos cuantos son comunes. En España, las joyas con gran contenido en oro son de 18 quilates. Esta aleación corresponde a 750 milésimas de oro con un contenido de oro del 75,0%. 14 quilates son 585 milésimas de oro y un contenido en oro del 58,3%. El oro de 9 quilates tiene un contenido en oro del 37,2%. Las joyas con un sello de contraste de 333 milésimas contienen 8 quilates de oro y un contenido en oro del 33,4%.

En otras palabras, el quilate hace referencia a la proporción de oro puro que contiene cualquier pieza de joyería. Para definir su pureza, el peso total de una joya se divide en 24 partes iguales. Si toda la pieza es de oro puro, sin aleación con ningún otro metal, se dirá que la pieza es de oro de 24 quilates, es decir las 24 partes en que se dividió el peso total son de oro puro. Pero, por ejemplo, si resulta que al analizar la pieza esta solo contiene la mitad de su peso en oro puro se dirá que es de 12 quilates. O, si en cambio, el oro puro que contiene la pieza pesa el equivalente al 75% del peso total de la joya, sabríamos que se trataría  de una joya de oro de 18 quilates. Y así sucesivamente.


SELLOS DE CONTRASTE

Un contraste o sello de contraste es una marca que se graba en los objetos realizados con metales preciosos como garantía de su pureza. Son cincelados con un punzón en los objetos de oro, plata o platino por un taller o laboratorio oficialmente acreditado para realizar contrastes de pureza química sobre las muestras de metal. Estas marcas se estampan en lugares poco visibles del objeto y en caso de que este tenga piezas desmontables o independientes como tapa, asas, etc, deben estar presentes en cada parte de metal noble.

La normativa difiere según los países y las distintas tradiciones pero generalmente consiste en una marca indicando la pureza o calidad del metal. A esta se le pueden añadir otras como la del fabricante, la autoridad reguladora y en países como Francia y Gran Bretaña un sistema para fechar las piezas. En la actualidad hay un esfuerzo por normalizar las regulaciones en los distintos países para favorecer el control y el comercio internacional.

Si bien las primeras marcas de control se han hallado en piezas bizantinas del siglo IV, la primera normativa europea apareció enFrancia con el Estatuto de Orfebres de 1260, promulgado por Etienne Bouleau, preboste de París durante el reinado de Luis IX.

El contraste es obligatorio para todas las piezas de metal noble que tiene que ser vendidas como joya y consta de tres pequeñísimas marcas; la primera nos dice la pureza del oro, por ejemplo 750 (750 milésimas), nos indica que el oro tiene 18 quilates, la segunda marca nos indica el laboratorio oficial donde se ha hecho el análisis de su pureza y la tercera marca es la del artesano, (para ver los contrastes, hay que utilizar una pequeña lupa de 10 aumentos mínimo)

En muchos casos y con el fin de ahorrar el impuestos estatales, costes de análisis y otros costos, se venden algunas piezas sin contrastar o sólo llevando el contraste del artesano. Esto en teoría no está permitido por la ley, pero en el caso de que el comprador lo acepte por total confianza con el vendedor, debe exigirle una pequeña rebaja en el precio y no estaría mal que disponga de una "piedra de toque", para poder comprobar personalmente la calidad de la pieza que ha comprado.
La ley nacional de la mayoría de los países exige que las piezas de oro estén marcadas e indiquen los quilates y la pureza del metal. En otros países, la ley exige que una parte imparcial, en general una Entidad Certificadora, examine todas las alhajas y les brinde su aval. De acuerdo con la página web World Gold Council, la marca de la Entidad Certificadora, incluyendo los quilates o la pureza, y el símbolo del fabricante conforman el sello de contraste.

La marca de contraste muestra el grado de pureza de los metales preciosos. Mientras que las piezas de joyería tienen casi siempre una marca de contraste, los lingotes y monedas rara vez la presentan. Mediante el contraste se reconoce de qué material está hecho el objeto marcado con él. En España, Alemania, Austria y Suiza y en casi todos los países europeos la marca de contraste es una garantía de pureza.

Los sellos de contraste se han utilizado en Inglaterra y Francia como indicadores de la pureza o la calidad de los artículos hechos de metales preciosos desde el siglo XIV. La mayoría de los demás países europeos también utilizan sus propios sellos. El sello garantiza que la joya en cuestión contiene en efecto oro. Asimismo, los sellos en las alhajas antiguas le pueden brindar a un experto información acerca del país de origen y la fecha de fabricación de la pieza. Puedes consultar fuentes impresas o en línea para identificar los diferentes sellos de contraste. Sin embargo, antes de comenzar, es importante que comprendas de dónde vienen las marcas, qué significan y qué incluyen.

El término que se utiliza para designar a estos sellos de contraste en inglés, "hallmark", proviene de London's Goldsmith's Hall of the Worshipful Community of Goldsmiths, donde se crearon los sellos de contraste en Gran Bretaña. Ya en el siglo XIII, los ingleses habían introducido un sistema legal de marcación. Los sellos originales representaban solamente la pureza del metal, y con el tiempo, a medida que el sistema fue avanzando, se añadieron otros tipos de marcas.

Los sellos de contraste británicos incluyen una marca de pureza, el sello de una entidad certificadora, una letra que representa la fecha y, en general, la marca del fabricante (el orden de todos estos símbolos es arbitrario). Entre 1798 y 1975, se utilizaba una corona además del indicador de quilates (que se abreviaba "c" o "ct" por su nombre en inglés) para representar la pureza del oro. En Escocia, se utilizaba un cardo en lugar de una corona. Entre 1798 y 1854, solo las piezas de 18 y 22 quilates eran legales y susceptibles de ser marcadas con sellos de contraste. Entre 1854 y 1932, se añadió la pureza representada en miles. Sin embargo, el sello de contraste francés, que es más habitual, es el más fácil de reconocer. Se trata de la cabeza de un águila, que se utilizó desde 1838 e indica la presencia de oro de 18 quilates, de acuerdo con el sitio web Modern Silver Magazine.

Un aspecto complejo del sistema de sellos de contraste de Gran Bretaña es la utilización de letras que representan fechas para determinados ciclos de sellos en los diferentes lugares. Las letras comienzan con la "A" y continúan hasta la "Z" (aunque, en algunos casos, no aparece la letra "J" o la enumeración no continúa hasta la "Z"). El estilo de letra, la forma y el fondo son diferentes en cada ciclo. A fin de poder interpretar las letras que representan las fechas, puedes consultar una edición de bolsillo del libro "British hallmark". De acuerdo con Modern Silver, solo necesitas determinar el lugar donde fue certificado y buscar la letra en el cuadro que corresponde a esa ciudad.


Marca de contraste en oro (sello)

SelloQuilatesPorcentaje de oro de ley
3338 quilates33,30 %
58514 quilates58,50 %
75018 quilates75,00 %
99924 quilates99,90 %


Marca de contraste en plata (sello)

SelloPorcentaje de plata de ley
75075,00 %
80080,00 %
83583,50 %
90090,00 %
92592,50 %
99999,90 %

Objetos sin marca de contraste (sin sello)

Los objetos no marcados con un contraste puede también estar hechos de oro o plata de alta calidad. Antiguamente muchas joyas de oro no se marcaban para evitar los aranceles en la importación. 



¿CÓMO SABER SI ES ORO?

Inspección visual

Lo primero que debes hacer para comprobar si la pieza es de oro es examinarla con cuidado. Busca señas que identifiquen que es oro genuino.
  1. 1
    Inspecciona la pieza y busca marcas oficiales. Un sello oficial debería indicar la pureza del oro (1-999 ó .1-.999) o los quilates (10K, 14K, 18K, 22K ó 24K). Cualquier pieza que contenga menos de 10 quilates no se considera oro genuino, pues contiene menos del 40% de oro. Si usas una lupa te será más fácil.
    • Una pieza antigua pudiera haberse desgastado y no mostrar marcas oficiales.
    • Las piezas falsas también suelen tener marcas para que parezcan auténticas. Quizá hagan falta más comprobaciones.
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    Busca señales de decoloración. Es importante comprobar si la pieza está perdiendo el color, especialmente en las zonas donde sufre más rozamiento y desgaste (Como los bordes)
    • Si el oro parece estar desgastándose y se ve otro metal por debajo, probablemente lo que tienes entre manos está simplemente bañado en oro.

La prueba de la mordedura

Seguro que has visto en alguna película cómo un buscador de oro muerde una pepita de oro para comprobar si es real. También hemos visto cómo los ganadores en las olimpiadas muerden la medalla cuando la reciben.
  1. 1
    Muerde la pieza de oro.
  2. 2
    Sigue mordiéndola por un poco de tiempo, quizá un par de minutos. Esto permite que tu saliva interaccione con el oro y lo ablande.
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    Examina la pieza para ver si han quedado marcas. En teoría, el oro real debería mostrar marcas de la mordedura. Cuanto más profundas sean las marcas, más puro es el oro.
    • Esta prueba no es muy recomendable, pues pudieras dañar tus dientes. Además, el plomo es aún más blando que el oro, y una pieza de plomo bañada en oro pudiera parecer oro real.

La prueba del imán

Esta prueba es sencilla, aunque no es completamente certera para determinar si la pieza es de oro puro. No se debe usar un imán pequeño como el que se coloca en la refrigeradora. Es mejor usar uno potente como el de un altavoz de una radio, un bolso de mujer o los que venden en las ferreterías.
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    Acerca el imán al objeto que quieres comprobar. El oro no es un metal magnético, así que si el imán lo atrae, o se pega fuertemente, es oro falso. De todos modos, el que no reaccione a la atracción del imán no significa que sea oro puro, pues se pueden usar otros metales no magnéticos para hacer piezas de imitación.

La prueba de densidad

Hay pocos metales que sean más densos que el oro. La densidad del oro puro de 24 quilates es aproximadamente de 19.3g/ml, lo que es mucho más que la mayoría de metales. Medir la densidad de la pieza puede ayudarte a saber si es oro o no lo es. Como regla general, cuanto más densa sea la pieza, más puro es el oro. Esta prueba no debería realizarse con anillos u otros objetos que tengan joyas engarzadas. Lee la sección Advertencias para encontrar información importante respecto a la prueba de densidad.
  1. 1
    Comprueba el peso de la pieza. Si no tienes tu propia báscula de precisión, o una balanza, puedes pedir en una joyería que pesen la pieza y, normalmente, lo harán gratis.
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    Llena una probeta con agua.
    • Es muy útil que la probeta, o el recipiente transparente que uses, tenga una graduación en mililitros. Así te será más fácil hacer la medición para esta prueba.
    • No importa la cantidad de agua que uses en el recipiente, mientras pueda cubrir la pieza. El agua subirá de nivel cuando sumerjas la pieza.
    • Es muy importante averiguar el nivel exacto del agua antes y después de sumergir la pieza.
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    Sumerge la pieza en la probeta. Anota el nivel de agua, y calcula la diferencia entre el anterior y el nuevo en mililitros.
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    Usa la siguiente fórmula para calcular la densidad. Densidad= Masa / Volumen de agua desplazado. Un resultado cercano a 19 gramos/ml indica que la pieza es de oro real, o de un material con una densidad muy similar a la del oro. Aquí tienes unos ejemplos prácticos.
    • La pieza pesa 38gr y desplaza 2 mililitros de agua en la probeta. Usando la fórmula de masa (38g) / Volumen desplazado (2ml), el resultado es 19g/ml, lo cual está muy cerca de la densidad del oro.
    • Ten en cuenta que las diferentes calidades de oro tienen diferente densidad en g/ml:
    • 14K – 12.9 a 14.6 g/ml
    • 18K amarillo – 15.2 a 15.9 g/ml
    • 18K blanco – 14.7 a 16.9 g/ml
    • 22K – 17.7 a 17.8 g/ml

La prueba de la cerámica

Esta es una manera sencilla de comprobar si la pieza realmente es de oro. Ten en cuenta que el objeto pudiera arañarse.
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    Consigue una pieza de cerámica sin cristalizar (vitrificar). Puedes comprar una pieza cualquiera de cerámica para el suelo en una tienda de construcción.
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    Frota el objeto contra la cerámica. Una raya negra indica que la pieza es de oro falso. Si la raya es dorada, el oro es de verdad.

La prueba con Ácido Nítrico

¿Has oído la expresión “prueba ácida”? Pues viene de esta prueba, que es excelente para saber si lo que tienes entre manos es oro de verdad. De todos modos, conseguir el ácido es difícil, y hay riesgos de seguridad al hacer esto en tu casa. Por eso, deberías pensar en pedirle a un joyero cualificado que realizara esta prueba por ti.
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    Coloca el objeto de oro en un recipiente pequeño de acero inoxidable.
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    Pon un poco de ácido en el recipiente y observa si hace reacción.
    • Si la reacción resulta en un líquido verde, el objeto es de un metal básico o solamente bañando en oro.
    • Si el color resultante es blanquecino, la pieza muy probablemente es de plata bañada en oro.
    • Si no hay ninguna reacción, quiere decir que la pieza es de oro genuino.