¿El nacimiento de un universo?
Quizás nuestro universo sea una gigantesca burbuja de energía en expansión, nacida de la singularidad de un colosal agujero negro que, en un momento dado y debido a procesos físicos aún desconocidos, alcanzó un estado crítico capaz de desencadenar una inmensa liberación de energía. Esta habría perforado la brana sobre la que se sustentaba, permitiendo que la energía fluyera hacia el otro lado y diera origen a un nuevo universo. Si este mecanismo pudiera repetirse indefinidamente, cada universo sería el hijo de otro anterior, formando una sucesión infinita de nacimientos cósmicos.
La inmensa densidad de energía confinada en la singularidad del universo predecesor ejercería una presión extraordinaria sobre la brana que lo sustentaba, deformándola progresivamente hasta generar un abombamiento que constituiría el embrión del nuevo universo. Durante un breve intervalo, la tensión de la propia brana contendría esa enorme concentración de energía hasta que, al superar su límite de resistencia, acabaría desgarrándose. A través de esa ruptura, la energía fluiría violentamente hacia el otro lado de la brana, expandiendo el espacio-tiempo naciente y desencadenando el proceso que hoy identificamos como el período inflacionario del universo.
La energía, una vez liberada, comenzaría a expandirse y, con ello, a enfriarse. El descenso progresivo de la temperatura propiciaría una serie de transiciones de fase mediante las cuales la energía primordial se organizaría en los distintos campos cuánticos fundamentales y en las partículas asociadas a ellos, dando origen a la materia y a las interacciones fundamentales que estructuran el universo. Sin embargo, no toda la energía liberada llegaría a condensarse en estas formas. Una pequeña fracción permanecería ligada a la propia estructura del espacio-tiempo naciente como una manifestación de la tensión residual de la brana que dio origen al nuevo universo. Esta energía del vacío, distribuida uniformemente por todo el cosmos, se identificaría con la constante cosmológica (Λ) y actuaría como el motor de la expansión acelerada del universo, conservando así la huella física del proceso que le dio origen.
Naturalmente, esta propuesta no pretende presentarse como una teoría física establecida, sino como una hipótesis cosmológica especulativa destinada a explorar una posible explicación del origen del universo, de la inflación primordial y de la constante cosmológica (Λ) a partir de un mismo mecanismo fundamental. Las próximas entregas desarrollarán cada uno de estos conceptos con mayor profundidad.
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