Pitágoras amaba a los números apasionadamente. El insigne matemático, al que le fascinaban los increíbles vínculos entre los guarismos y la naturaleza, había descubierto, a través de sus experimentos e investigaciones, que todos los fenómenos naturales, incluida la música como tal, se rigen por leyes que pueden describirse a través de ecuaciones matemáticas. Y sabía, por tanto, de la íntima relación entre la armonía musical y los números.
