Somos energía
ralentizada; por eso precisamente existimos como materia, porque existe el
tiempo y el espacio (la velocidad). Y nuestra existencia se debe, además de a
la gravedad y a las interacciones débil y fuerte, al bendito electromagnetismo,
que es el que mantiene a los átomos de nuestra materia cohesionados e
interactúa con el espacio y el tiempo mediante fotones, que son los que crean
la ilusión y el orden en el cosmos, gracias a su extraordinaria y sobrecogedora
velocidad. Y en la velocidad está también el orden (unos antes y otros después,
este aquí y aquel acá, tú allí y yo acullá), ese orden de creación y
destrucción en medio de la entropía como artífice de nuestra existencia.
La verdad de lo
que somos, de lo que escribimos, de quien nos enamoramos... es nuestra verdad;
la verdad de cada uno, que nunca es exactamente igual a la de los demás, por
mucho que esta se aproxime.
Así, tú eres
único; yo soy único; aquel es único... porque existimos.
Lo curioso es
que algunos, aunque han muerto hace mucho tiempo, aún existen en nuestra
realidad presente y existirán en el futuro. Son aquellos que se diferenciaron
de la masa dejando un resplandor diferente, en forma de información exclusiva y
especial que persiste a través del tiempo: su arte, su obra, su pensamiento, su
maquiavélica maldad o su excelsa bondad... algo que perdurará a través de los
siglos como información, pura y llanamente información.
Eso creo yo que
somos.
¿Qué opinas tú
al respecto?

No hay comentarios:
Publicar un comentario